El filme francés Custodia compartida (Xavier Legrand, 2017), premio ópera prima del Festival de Venecia, se exhibe en las salas de cine de la capital.

El tránsito del matrimonio al desbarajuste violento –hijos de por medio– está dejando cifras tan impresionantes en el mundo que no son pocos los que plasman testimonios con urgencias.

Tal es el caso del filme francés Custodia compartida (Xavier Legrand, 2017), premio ópera prima del Festival de Venecia y de estreno en nuestras salas de cine.

Es significativa la manera en que el debutante en largos transita del drama de la separación al thriller construido con dosis exactas del suspenso para dejarnos al final frente a una de las escenas  de horror verdadero, ¡sin trucos!, –de las que pasan de la pantalla al espectador– mejor construida de los últimos tiempos.

Los diez minutos iniciales están dedicados a recrear las consabidas escenas  del padre y la  madre en disputa, sentados frente a una jueza y amparados por sus respectivos abogados. Todo está  concebido para que el espectador dude. ¿Exagera la madre en sus alegatos? ¿Será en  verdad tan agresivo el padre con su hijo de 11 años y su hija de 18? El hombre da la impresión de ser bastante impulsivo, pero también pudiera ser sincero.

Legrand estructura su filme en tres partes. El hombre con su hijo («¿tiene novio tu madre?»), una excelente actuación del muchacho, que nos  hace sentir lo terrible de la fragilidad infantil cuando queda a merced de la discordia matrimonial y, en especial, de un padre cegado por la furia de la impotencia; el hombre con su hija y, finalmente, tratando de que su exmujer lo escuche, lo comprenda y hasta valore la posibilidad de un arreglo, poco antes de preguntarle, ya con otra cara: «¿quién es el tipo ese?,¿se acuesta contigo?».

Si bien es cierto que hay patrones en cuanto a los celos y la manera de reaccionar de maridos que se sienten dueños absolutos de mujeres e hijos, el filme no cae en maniqueísmos a la hora de colocarnos frente a una disyuntiva que en ocasiones confunde el razonamiento: «Él no habrá sido buen esposo, pero como padre ha sido el mejor», se oye decir. Y el director Legrand lanza la saeta: ¿Acaso se puede ser buen padre habiendo maltratado antes a la madre de esos hijos?

La vida está llena de casos así y sin sensacionalismo de ninguna clase, Custodia compartida estremece y alerta: Ojo, la bestia puede andar suelta.

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