Ponerle flores a la basura.

“… y verás que la tristeza

va cambiando de color”.

Teresita Fernández

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Hay una mano que intenta agarrar la luminaria antes de que terminen los colores, pero el mural está listo. Bajo la luz: la basura, las flores, los ojos, en la esquina de 13 y 18 en el Vedado. Allí, las ballenas orcas se derriten. Algunas, incluso, han escapado hacia la acera.

Intento darle un significado ambientalista al espacio y pregunto al pintor si el calentamiento global tiene alguna relación con la obra. Pablo Rosendo Machín solo quiere superficies y pintura. “Las ballenas me gustan”, responde y se aleja. Observa las dimensiones y continúa.

“Todo iba a comenzar desde las flores”, comenta Antonio Zamora, el arquitecto que diseñó las estructuras donde van los contenedores de basura, ordenó los espacios, y ahora retoca los bordes de las formas. Hasta la noche, ellas persisten en transformar “lo feo” en algo más.

“La idea nació de tener la posibilidad y las ganas de hacerlo, de querer trabajar con nuestras propias manos”, insiste. “Sabía que en algún momento iba a comenzar este proyecto. Me desagradaba enfrentarme a esa enorme cantidad de basura. La recogían cada cierto tiempo y después de dos o tres días volvía a estar el mismo volumen de desperdicios. La acera y los muros estaban rotos. Necesitaba hacer una estructura para los tanques de basura, pero eso no bastaría, porque muchas veces las personas no respetan el espacio. Tenía que ser algo más llamativo y que pudiera inspirar limpieza, inspirar que podemos tener un lugar limpio solamente queriéndolo”.

La apropiación del barrio cuando se embellece, se vuelve parte del imaginario colectivo. Durante el proceso que se extendió a tres semanas de intervención comunitaria, los niños dibujaban con tizas la continuación del muro. Muchos vecinos disfrutaron de cada trazo nuevo en la pared y poco a poco las personas se volvían conscientes del modo en que vertían los desechos cerca de las flores.

“Era trabajar con la gente, en la calle; era escuchar, motivarnos, sentir que las personas nos miraban, y también saber que había una causa, un objetivo para pintar. Recuerdo cuando comencé. Las personas me preguntaban. No les anuncié sobre la pintura y los carteles que vendrían para tratar de llamar a la conciencia de las personas. El proyecto Por una ciudad más limpia lo ha respetado el barrio. Se eliminó la basura; es decir, dio resultado”.

“El contexto también es parte de la vida de uno. Lo único que tenía dentro de mí era que lo íbamos a hacer bien. Y eso quizás disminuiría las probabilidades de que tiraran basura fuera de los tanques. Luego comenzó una motivación colectiva. Las personas continuaban preguntando. Había bastante curiosidad por parte de la población. Sobre todo, las personas de la tercera edad lo celebraban. Otros decían que en una semana iba a estar lleno de basura, o que esto no era el callejón de Hamlet”.

“El proyecto se volvió un trabajo entre amigos, de un grupo de jóvenes artistas del Instituto Superior de las Artes que entrelazamos experiencias; en mi caso, desde la construcción, para hacer algo respecto a la basura. Para mí se ha vuelto un trabajo social, un trabajo para la comunidad. Quien pasara y dijera algo podía causar desaliento o motivación. Si todos aportáramos nuestro granito, seríamos una Habana diferente”.

Obra en proceso en la esquina de 13 y 16, Vedado

Pintarse la cara color esperanza…

“El deseo nació al ver la necesidad, cuando te das cuenta de que puedes hacer algo frente a un problema que es social, y hacerlo bien. Se unieron las personas adecuadas, la idea fue confirmada cuando conocí al pintor que hacía este tipo de obras murales y fluyó una buena energía desde el inicio del proyecto.

“Sembramos plantas alrededor. Decidimos ponerle flores, para llevar el mensaje de que la basura no es menos importante. La basura debe ir donde le corresponde: en un tanque, porque si se une a los árboles, a las esquinas… se pierde la higiene del lugar.

“Si usamos los colores correctos. Los colores pueden hacer cambiar la vida. Podemos dar mensajes a través de las artes plásticas: alegría, constancia, esperanza, risas, sueños, imaginación. ¡Vamos a pintar lo feo! Se puede cambiar lo que se debe poco a poco”.

Cerca del parque de 13 y 16 también cambió la esquina del basurero. Nuevos diseños de losas esmaltadas se van colocando para cambiar el entorno. Se repite la acción. Por una ciudad más limpia, indica el cartel que celebra los 500 años de La Habana.

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